Cuando el hombre “no puede”, ¿qué debe hacer una mujer?

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Cuando el hombre “no puede”, ¿qué debe hacer una mujer? Reportaje a la doctora Beatriz Literat, Médica Ginecóloga y especialista en Sexología Clínica, y a la licenciada en Psicología y Sexóloga Clínica Irene Aguirre.

Las disfunciones sexuales masculinas responden en su mayoría a causas emocionales u orgánicas. Si no se realiza un buen tratamiento, las consecuencias pueden ir desde grandes depresiones hasta la ruptura de la pareja. ¿Cómo debe acompañar la mujer en estos casos? Aquí, la mirada de la sexología y la psicología para ayudar a atravesar esta situación de a dos.

LA RESPUESTA DE LA SEXOLOGÍA

Entrevista a la Licenciada Beatriz Literat

Doctora Literat, ¿Cuándo el hombre “no puede”, qué debe hacer una mujer?

Primero deberíamos precisar a qué nos referimos cuando decimos que el hombre “no puede”. Yo no quiero que caigamos en la obviedad de volver a enfocar la sexualidad desde la disfunción eréctil, porque retrocedemos décadas y volvemos a poner al varón en una posición muy incómoda, al tratarlo como “in – potente o no potente” solo porque un aspecto de su sexualidad tiene algún problema. En la actualidad muchas mujeres se han apropiado de la “capacidad eréctil” de los varones, al exigirles un rendimiento que, a mi juicio, las hace ver cada vez menos femeninas. Cuando decimos que un varón no puede, podríamos referirnos a bloqueos emocionales o a un alto nivel de estrés, que le impide desarrollar su respuesta sexual con plenitud y naturalidad. También a la presencia de alguna enfermedad orgánica o al hecho de estar tomando algún medicamento.

Cuando el hombre “no puede”, ¿qué debe hacer una mujer?

¿Sucede en muchas parejas esto de que “el hombre no pueda”?

Las estadísticas muestran que, a lo largo de su vida, todas las parejas pasarán por etapas en las cuales o el varón o la mujer estarán en posición de “no poder” tener relaciones completas, ya que la sexualidad refleja los vaivenes propios de la salud física y de los estados de ánimo. El varón “siempre listo” es un gran mito.  Los modelos cinematográficos, la literatura romántica, o la mentirosa “sabiduría callejera” han falseado la realidad mostrando modelos inexistentes. La realidad es que la función sexual se comporta como cualquiera otra de nuestro organismo -que pueden fallar en ocasiones-, y depende también de la armonía psicofísica de cada individuo y de la buena relación de una pareja.

¿Cuáles son las disfunciones sexuales más comunes?

Para mí, como médica sexóloga, la peor de las disfunciones sexuales es la ignorancia, el desconocimiento de la propia función y del/la compañero/a. En mi experiencia, ésta es causa de muchas de las otras disfunciones, como la eréctil, la eyaculatoria, la falta de deseo sexual y muy especialmente de las disfunciones mixtas, que se producen cuando se suman y potencian las del varón y las de la mujer: dolor coital, disfunción orgásmica o de la excitación.

¿Por qué aparecen?

El origen de las disfunciones sexuales puede ser orgánico, funcional, psicógeno, educacional, vincular o multi-causal. Hablamos de una disfunción sexual cuando dura más de tres meses en forma continuada y causa un gran malestar en el paciente y su pareja. El trabajo del médico sexólogo clínico es investigar a través de un buen interrogatorio y si es necesario, utilizando análisis clínicos complementarios, con el objeto de descartar, en primer lugar, la patología orgánica. De este modo no se pierde tiempo y se puede llegar a un diagnóstico preciso en un par de consultas.

¿Qué tratamientos existen?

Todas las disfunciones sexuales son tratables y los resultados se pueden observar en pocas consultas (entre cuatro y 15, según cada caso). Existe la posibilidad, en ciertos casos, de la inter-consulta con un especialista, por ejemplo, ante una diabetes descompensada o una hipertensión arterial severa, una secuela quirúrgica o el efecto secundario de medicamentos que deben ser sustituidos por otros. Los médicos sexólogos estamos entrenados clínicamente para diagnosticar, tratar y prescribir medicamentos. Cada terapeuta sexual, aporta en sus tratamientos, los recursos de su propia formación profesional. Los pacientes, necesitan ver resultados rápidos, porque todavía un trastorno sexológico no se asume como un problema de salud. La persona que padece una disfunción sexual se siente como si estuviera discapacitada, se asusta por su padecimiento y sufre muchísimo.

¿Esta problemática puede surgir sólo de la relación con el otro?

Antes dije que una relación sexual plena depende del equilibrio de una serie de factores como el estado de salud física, los aspectos emocionales y la manera en que la pareja se vincula. Estos tres aspectos, sumados al punto clave para mí, que es el conocimiento de la función sexual, forman una ecuación. Cuando alguna de las variables de esta ecuación se modifica, el resultado también se puede modificar, para bien o para mal. Es así que muchos hombres refieren en las consultas, que existen mujeres que los atraen en el plano intelectual o social, pero que la atracción desaparece en los encuentros eróticos. También consultan por disfunciones llamadas situacionales, o sea que aparecen con determinadas compañeras sexuales y con otras no.

¿Por qué una mujer puede provocar en un hombre una disfunción sexual?

Muchos hombres concurren a mi consultorio manifestando su preocupación por el “desempeño insatisfactorio de ellos mismos” y lamentando que esto les ocasiona conflictos con la pareja. También acuden las mujeres quejándose del “desempeño pobre para ellas”  de su compañero. Yo estoy viendo últimamente que el encuentro sexual no es una manifestación de la atracción, interés y sentimientos amorosos entre dos seres humanos, sino que es una despojada expresión de apetito físico, con poco de emoción o espiritualidad. Cuando se producen encuentros de este tipo, si el resultado de la relación sexual no ha sido “10 felicitado”, sobreviene una gran frustración y resentimiento. Una mujer puede hacer sentir al varón un superhombre y también lo puede hacer verse a si mismo como un perdedor. Todo estímulo de carácter positivo y tranquilizador, permite que la fisiología fluya; de lo contrario, crea disfunciones sexuales.

¿Qué lugar ocupan aquí las exigencias que pone uno en el otro?

Como dije al principio, la sexualidad exitosa depende de varios factores; por ejemplo es importante que los protagonistas del encuentro se conozcan lo suficiente como para que se sientan cómodos entre sí. Existe un cuadro llamado “ansiedad por el propio desempeño” que produce una gran descarga de adrenalina y esta hormona puede generar una disfunción sexual. Cuando la meta no es la gratificación física solamente sino la entrega, compartir emociones y tal vez un proyecto en común, la química del cuerpo cambia radicalmente y las sensaciones son diferentes. Si existe algún tropiezo durante el encuentro, lo van solucionando durante la marcha o no le dan tanta importancia porque están enfocados en una gratificación más holística.

¿Qué sentimientos genera esto en las mujeres?

Si la mujer busca solamente ser satisfecha físicamente y esto no se cumple, generalmente ” le pasa factura” al varón y se crea un círculo de resentimiento que no favorece la buena calidad de los encuentros posteriores, porque el hombre también es vulnerable y se puede sentir inseguro y fracasado frente a ella. Ahora, si estamos hablando de una pareja, además de lo genital, los sentimientos de displacer dan lugar a pensamientos del tipo de: “¿Cómo puedo ayudarte a que la próxima vez sea mejor o diferente?”. Esta mujer, buscará el momento oportuno para expresarle al hombre que le gustaría algo distinto y se lo pedirá sin menoscabar la autoestima de él. Esta forma de buen trato, de respetuosa manera de decirle que ella espera de él cosas buenas y que está segura de que él sabrá complacerla, es el estímulo que generalmente hace que un varón concurra a la consulta sexológica.

¿Y cuál es la mejor manera de acompañar de la mujer?

Lo primero que una mujer debería preguntarse en este caso, es: ¿Si este trastorno me sucediera a mí, cómo quisiera que mi compañero me ayudara? Cuando un varón está afectado por una disfunción sexual, los médicos sexólogos muchas veces convocamos a las parejas. Les damos información y orientación. También les enseñamos estrategias para que puedan ayudar en el tratamiento convirtiéndose en “socias” del profesional actuante, en beneficio del paciente. A veces la información provista por el/la profesional es confidencial, de modo que el paciente cree que su pareja actúa por iniciativa propia y esto es muy, pero muy terapéutico. Existen tantas tácticas como parejas y casos.

Finalmente doctora, ¿Cuándo el hombre “no puede”, qué debe hacer la mujer?

Si una mujer no sabe cómo ayudar al hombre, lo cual, en definitiva es ayudarse a sí misma a disfrutar de su propia sexualidad más plenamente, debería ofrecerse a acompañarlo a una consulta sexológica. En ella, al mismo tiempo que tratamos al paciente, brindamos a la compañera los recursos emocionales y sexológicos necesarios porque, en definitiva, ambos están padeciendo y, lo más importante, la hacemos partícipe y protagonista del proceso de curación de él. Las parejas emergen enormemente fortalecidas al final de los tratamientos. Muchos pacientes dicen que “tienen ganas de casarse de nuevo con su pareja”.

¿Cómo ayudo a mi pareja?

Por la Doctora Beatriz Literat

  1. Ante un trastorno sexual reiterativo del hombre, una mujer debería expresar una sana preocupación, sin dramatismo, enfatizando la posibilidad de que se trate de un síntoma emergente de alguna patología orgánica y alentar a la consulta médica.
  2. Las mujeres pueden buscar información sexológica a través de libros de divulgación científica, sitios educativos de Internet y consultas de orientación con sexólogos clínicos para colaborar con sus compañeros.
  3. Las disfunciones sexuales difícilmente se mejoran por sí solas, por lo tanto no se debe perder tiempo esperando soluciones mágicas y hacer la consulta médica.

LA RESPUESTA DE LA PSICOLOGÍA

Entrevista a Irene Aguirre, Licenciada en Psicología y Sexóloga Clínica

Licenciada Aguirre, ¿Cuando el hombre “no puede”, qué debe hacer la mujer?

Ningún hombre está exento de encontrarse con la dificultad de un fallo eréctil en algunas ocasiones (que puede manifestarse  como ausencia de erección o como eyaculación rápida). Pocos hombres y mujeres lo consideran así, y el hecho de que los hombres basen  gran parte de su autoestima en la capacidad de erección complica aún más la cuestión. El órgano sexual masculino se rebela muchas veces cuando más se lo requiere, y la ansiedad que genera su autonomía puede llegar a frustrar nuevos intentos. Es por esa razón que la compañera sexual poco ganará enojándose, o ejerciendo presión sobre el hombre, que ya experimenta una intensa frustración. Es esencial no dramatizar y tratar de restablecer la conexión erótica.

¿De qué manera se puede reestablecer esa conexión erótica?

El encuentro sexual es un espacio de reconocimiento y de contacto humano. Es desde este lugar que podemos apelar a múltiples recursos tales como las caricias, la mirada, la palabra… estos gestos recuerdan al compañero que no es un objeto de consumo y que la sexualidad no se reduce meramente a la penetración. Que valoramos su persona, que sigue contando con nuestro deseo y amor. Construir una experiencia placentera en el plano sexual involucra no tanto lo que se hace sino desde dónde se lo hace, qué es lo que podemos trasmitir a nivel emocional.

¿Cómo se trabajan estos temas en una terapia psicológica?

Evitamos caer en rotulaciones, no tratamos “disfunciones” sino personas que traen su sufrimiento y que son escuchadas desde un marco de calidez y respeto que abarca mucho más que la cuestión puntual a nivel sexual. Por lo tanto nuestra tarea no se restringe a “dar soluciones” sobre “el problema”: ayudamos al paciente a reconocerse en su individualidad y a respetar sus tiempos  así como también a encontrar modos propios de situarse frente a lo que le pasa. En ocasiones brindamos información sobre aspectos de la sexualidad que se han aprendido mal o se ignoran, y llegan a constituir un obstáculo. Trabajamos en base a las creencias y determinaciones de las cuales es portador, y que son distintas en cada persona. La terapia apunta a que el paciente recupere la confianza en sí mismo y movilice recursos propios que tal vez desconoce si no realiza una consulta.

¿Por qué es bueno hacer una terapia psicológica?

Creo que la primera razón es que implica el reconocimiento de que hay un problema y de que se necesita ayuda, dos factores fundamentales en cualquier progreso hacia la salud. Además permite situarse desde una perspectiva más amplia respecto de los propios problemas ya que la terapia interroga el sentido de los síntomas en lugar de establecer juicios de valor, refuerza el sentimiento de autoestima, despeja conflictivas y condicionamientos. Las disfunciones sexuales producen una profunda herida narcisística en el varón. El trabajo terapéutico permite recomponer la estabilidad emocional perdida.

 ¿Cuáles son los sentimientos del hombre frente a esta problemática?

Para los hombres, la potencia y la capacidad de erección son consideradas casi sinónimos en muchos casos. La presencia o ausencia de la misma puede bastar para confirmar o no su virilidad. La experiencia puede ser por lo tanto de las más dolorosa y traumatizante, y es vivida como una humillación. Si se reitera (como suele acontecer cuando el miedo a volver a “fallar” es intenso) puede generar una preocupación obsesiva que le impida disfrutar del encuentro sexual y conectarse emocionalmente con su compañera; el deseo entonces decae ya que lo que es una experiencia gratificante se convierte en una especie de examen a rendir.

¿Y qué sucede en el caso de la mujer? ¿Cómo la afecta?

En las parejas con este tipo de dificultades encontramos muchas veces que la mujer suele culparse a sí misma (en ocasiones el reproche proviene, efectivamente, de su compañero), y puede llegar a sentirse poco atractiva para él. En los casos en que las situaciones se reiteran y no dan lugar al diálogo, a una consulta con un especialista, o cuando el encuentro sexual pasa a centrarse en la penetración, la insatisfacción resultante puede producir enojo, baja autoestima y evitación del acto sexual, pues se pierde su carácter lúdico para cobrar la dimensión de una actividad mecánica con un objetivo definido y exclusivo (que excluye en realidad el placer).

¿Qué cuestiones psicológicas pueden entrar en juego para que suceda esto?

Lograr una relación sexual satisfactoria supone poder adoptar una posición definida respecto del propio sexo: en el hombre y en la mujer juegan su papel mandatos, estereotipos, fantasmas inconcientes que condicionan la posibilidad de relajarse y de disfrutar. Se requiere cierta seguridad respecto de la propia identidad para poder desprenderse de estos “moldes” y construir una experiencia conjunta que supone la capacidad de responder desde el deseo. No está de más señalar que otros factores influencian la respuesta sexual humana, tales como la calidad del vínculo que la pareja tiene fuera de la cama, los conflictos económicos, el cansancio excesivo, el estrés, etc. Una vez más, el “tener que…” (rendir, satisfacer, hacer gozar, etc.) no forman parte del programa de un buen encuentro sexual. Nadie puede siempre.

Cuando-el-hombre-“no-puede”-¿qué-debe-hacer-una-mujer_¿Qué lugar ocupan las exigencias que uno pone en el otro?

A mayor exigencia, menor deseo. Es inversamente proporcional.

¿Cómo trabajar esas exigencias que se depositan en el otro?

Tal vez lo más difícil es reconocerlas porque muchas de ellas surgen de estereotipos inconcientes. En principio es importante comprender que el otro miembro de la pareja no puede adivinar lo que yo siento o deseo, ni podrá jamás satisfacerme absolutamente. Y que tanto el hombre como la mujer son responsables de construir una sexualidad satisfactoria y de esclarecer para sí mismos y frente al otro cuáles son sus modos particulares de gozar.

¿Qué se recomienda hacer frente a esta problemática?

Admitir una dificultad sin cerrarse ni esconderla. Es parte de nuestra naturaleza no poder controlarlo todo o saberlo todo. Si algo ocurre con nuestra sexualidad que la hace decaer, hay que darle importancia ya que se trata de un aspecto esencial de nuestras vidas que nos conecta positivamente con nosotros mismos, con los demás y con las actividades cotidianas. Cuando falla (no disfrutamos), el deseo en general decae o aparecen válvulas de escape que no construyen el amor. La presencia de una disfunción puede ser la ocasión propicia para crecer como pareja y para descubrir nuevas maneras de expresarnos sexualmente. A veces es necesario concurrir a un especialista   (psicólogo, sexólogo) que facilite una perspectiva diferente.

Finalmente licenciada, ¿Cuando el hombre “no puede” qué debe hacer la mujer?

Para finalizar prefiero referirme a lo que NO debe hacer la mujer: de ninguna manera puede convalidar la insatisfacción sexual en la pareja. El diálogo y la comprensión son importantes pero no al precio de ceder sobre el deseo, pues de ser así lo que empezó siendo una dificultad puede devenir en el aislamiento emocional de ambos y producir crisis difíciles de resolver con el paso del tiempo (la insatisfacción se filtra lentamente en toda la relación). En lugar de reprocharle “lo que no puede”, debe instar a la consulta.

Consejos para afrontar esta problemática de a dos

Por Licenciada Irene Aguirre

– Extender el juego sexual dando y recibiendo placer sin centrarse en la penetración.
– Explorar los sentidos (gusto, vista, oído, olfato) sin otro objetivo que disfrutar del cuerpo propio y del compañero.
– Expresar su amor al otro.
– Propiciar el diálogo sin repartir culpas.
– Consultar sin demora si persiste la insatisfacción.

Pareja y Sexualidad – Buena Salud

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